martes, 1 de marzo de 2011

El decorado del dolmen

OPINIÓN

Política


Lo del tango suena a milonga: veinte años es mucho. Da tiempo a empezar una obra y a derribarla, para que haga juego con el paisaje devastado. Hace esos cuatro lustros que en el conjunto de dólmenes de Antequera se clavó el primer espiochazo para reformarlo, dotarlo de atractivo y adaptarlo a las normas europeas sobre ordenación del paisaje. Pasó el tiempo y lo que se levantó ahora se demuele. Un muro, un camino de hormigón, rampas, barandillas… Obras que costó dinero hacer y que ha costado deshacer. 3 millones y pico de euros en gravilla.

Convertir los dólmenes en un sitio de recreo era una idea buena. Ahora es una idea desperdiciada. Visitantes, turistas, consumidores, empleo. Se cuida el patrimonio y se le saca rendimiento. Para evitar que la ruina sea escombro hay que hacer de ella reliquia, y atraer gente que la venere. Si la rondeña Acinipo lleva siglos cayéndose a pedazos es porque no se ha sabido cómo lidiarla. En los dólmenes de Antequera se intentó y ha resultado… esto.

Antonio Sanz, secretario del PP de Andalucía, se paseó entre los milenarios tochos. Por poco no le da una cosa: dice que desconocía un desastre mayor, ni político, ni económico ni administrativo. Sanz quiere cabezas, por si en el derribo faltaron grúas. Apunta a las de Rosa Torres y Paulino Plata, que han sido responsables de Cultura; dos antequeranos a los que Sanz querría mandar a la porra. Razonable: ya huele a urna. Rosa Torres quiere ser alcaldesa de Antequera, es el momento de sacarle faltas. Pasó hace unos días en Benamocarra, donde el alcalde Lucena enarbolaba unas apolilladas facturas del mini-bar del hotel donde el contrario se alojó cuando ejercía de concejal delegado. Sin embargo, noto una diferencia: beberse un botellín (o dos) a la salud del contribuyente es una anécdota venial. Lo de empezar una obra para echarla abajo antes de terminarla, no.

Margarita Sánchez Romero, baranda de Bienes Culturales en la Junta, justifica el quiebro: lo que se construyó en los años 90 era lo propio de aquella época. Quedaba bien pero no favorecía a los dólmenes. Si es así, resulta que se empezó a construir "a la moda". En 20 años lo que hoy van a edificar será el pantalón pata de elefante de la arquitectura y otro consejero llegará dispuesto a poner al día el conjunto. Lo extraño es que a Sánchez Romero no le parezcan demodé los propios dólmenes. Eso ahorraría mucho trabajo.

Sánchez Romero también nos avisa de que trabajan en el proyecto del museo. ¡Además hay un museo! ¿No pueden esperar a retomar la obra hasta que tal proyecto esté listo? Aún cabe que derriben lo levantado otra vez, cuando se compruebe que el estilo del museo desentona con los nuevos muros y las nuevas barandillas.

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